Cuando el arte se integra en el aula: la performance como herramienta para el cambio social

4 marzo, 2026

Cuando el arte se integra en el aula: la performance como herramienta para el cambio social

4 marzo, 2026

En los últimos años, las aulas universitarias han empezado a transformarse. Ya no son únicamente espacios donde se transmiten conocimientos, sino lugares donde se experimenta, se debate y se actúa. Un ejemplo revelador de esta evolución lo encontramos en el trabajo de Sandra Martorell y M. Rosario Sáez-Salvador, quienes han explorado cómo la performance puede convertirse en una herramienta poderosa para educar, sensibilizar y promover el cambio social desde dentro de la universidad. 

Su propuesta parte de una idea sencilla pero profundamente transformadora:  el arte no solo se enseña, también se vive. Y cuando esa vivencia se orienta hacia problemas sociales —en este caso, las violencias machistas— el efecto educativo va mucho más allá de la teoría. 

Artivismo: cuando el arte sale a la calle para despertar conciencias 

El artivismo, la fusión de arte y activismo, no es nuevo, pero sí ha tomado una fuerza renovada en la última década. En los 70, colectivos como Guerrilla Girl o acciones actuales como Un violador en tu camino de Las Tesis, han demostrado el impacto político y comunicativo de estas prácticas. 

El trabajo analizado recoge esta tradición y la traslada al ámbito educativo:  el alumnado no solo aprende qué es el feminismo o qué tipos de violencias existen, sino que las investiga, las representa y las combate a través del cuerpo y la expresión artística. 

Foto: Pedro Llorente Alemany 

Un proceso creativo que se convierte en aprendizaje transformador 

A lo largo de varias semanas, el alumnado de la Escola d’Art i Superior de Disseny de València sigue un proceso que combina investigación, ideación, creación y acción pública. No se trata solo de crear una performance, sino de comprender colectivamente: 

  • qué violencias padecen las mujeres, 
  • cómo se reproducen culturalmente, 
  • y cómo el arte puede abrir espacios para denunciarlas y repensarlas. 

La metodología —Investigación Basada en las Artes— convierte al aula en un laboratorio colectivo donde la teoría feminista, el diseño y la creatividad se encuentran. 

El resultado: acciones artísticas en el espacio público durante el 25 de noviembre que interpelan a quien las observa, pero sobre todo impactan en quienes las realizan. 

Cinco performances para abrir los ojos 

Entre las acciones desarrolladas destacan: 

• El Túnel de la violencia 

Una instalación inmersiva donde el público atraviesa un pasillo repleto de mensajes machistas, para sentir en primera persona la incomodidad que viven las mujeres a diario. 

• REDiseñándonos 

Un mosaico fotográfico que compone un nuevo rostro femenino colectivo, acompañado de una performance tipo haka como celebración de la fuerza y resistencia de las mujeres. 

• 1027 

Una novia encerrada en una urna: cada prenda o escrito sobre su vestido nombra a una mujer asesinada ese año. El público lanza tierra sobre la urna, simbolizando el peso del discurso patriarcal. 

Foto: Ana Ferrándiz 

• Gólgota 

Un viacrucis simbólico sobre la fachada de la escuela, donde cada estación representa una forma de violencia machista. 

• Desnugant la violència 

Una alumna rodeada por seis violencias personificadas; el público, invitado a “desanudar” esos lazos, simboliza la posibilidad colectiva de romper el ciclo. 

Estas acciones no solo denuncian, sino que crean comunidad, generan reflexión y movilizan emocionalmente tanto a participantes como a espectadores. 

Foto: Pedro Llorente Alemany 

Impacto en el alumnado: más que una asignatura, una experiencia de vida 

Los testimonios recogidos hablan por sí solos: 

  • El 100% del alumnado considera imprescindible esta formación para su futuro profesional. 
  • Más del 90% comprende el diseño como herramienta para la justicia social después del proyecto. 
  • Casi la mitad se involucró en proyectos de igualdad fuera del aula tras vivir estas experiencias. 
  • Para muchas y muchos, la performance significó empoderamiento, conciencia y acción: 
    “No estamos solas; tenemos un ejército de compañeras”, declaraba una estudiante. 

Esto demuestra que estos proyectos no solo enseñan, sino que transforman. 

Conclusión: educar también es movilizar 

El trabajo de Martorell y Sáez-Salvador pone sobre la mesa una idea fundamental: 
cuando la educación incorpora el cuerpo, el arte y la acción colectiva, el aprendizaje se convierte en una experiencia que trasciende el aula y se proyecta hacia la sociedad. 

La performance, en este contexto, no es solo una práctica artística: es una herramienta pedagógica, política y emocional para: 

  • cuestionar discursos hegemónicos, 
  • denunciar las violencias machistas, 
  • fortalecer la empatía y la cooperación, 
  • y formar a jóvenes capaces de imaginar y construir mundos más justos. 

Porque educar con arte es una forma poderosa de transformar la realidad. 

Artículo completo disponible en: https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-031-99090-8_11 

Foto portada: Ana Ferrándiz

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