Pablo Jesús Huerta-Viso es profesor en el Campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València, donde desarrolla su labor docente e investigadora en el ámbito del audiovisual, el turismo y la comunicación digital. Su trabajo destaca por un enfoque interdisciplinar que conecta el impacto cultural de las pantallas con los territorios donde se producen y se consumen los contenidos audiovisuales.
En los últimos meses, Huerta-Viso ha publicado dos aportaciones científicas de referencia que abordan, desde ángulos complementarios, la relación entre streaming, rodajes, gobernanza y experiencia turística. Por un lado, su artículo “De la pantalla al itinerario: guía práctica para diseñar, implementar y evaluar rutas de cine” propone un marco aplicado para transformar la exposición mediática en productos turísticos estructurados, incorporando mediación interpretativa, criterios de diseño y herramientas cartográficas.
Por otro, su estudio “Gobernanza e incentivos en la era del streaming: lecciones de Andalucía para la Comunitat Valenciana” analiza cómo la irrupción de las plataformas OTT ha reconfigurado la competencia por rodajes y qué modelos institucionales permiten a un territorio atraer, retener y gestionar producciones audiovisuales de forma sostenible.
Ambos trabajos sitúan a Huerta-Viso como una voz emergente en la investigación sobre screen tourism y gobernanza audiovisual, ofreciendo herramientas concretas para que instituciones, gestores y destinos puedan adaptarse a un ecosistema en rápida transformación.
En la última década, las plataformas de streaming han cambiado no solo la forma en que vemos películas y series, sino también la manera en que viajamos, consumimos cultura y gestionamos la producción audiovisual en los territorios. España es un buen ejemplo: mientras destinos como Andalucía han logrado consolidar un ecosistema competitivo de rodajes, otras regiones —como la Comunitat Valenciana— están reconstruyendo su posición en un panorama cada vez más exigente.
Paralelamente, el auge del llamado screen tourism está llevando a miles de espectadores a recorrer escenarios reales de sus ficciones favoritas. Pero… ¿qué hace falta para convertir una serie en un motor turístico sostenible? ¿Y cómo se articula institucionalmente un territorio para competir por rodajes internacionales?
Los artículos citados exploran la respuesta combinando dos ámbitos que suelen estudiarse por separado, pero que están más conectados de lo que parece: las rutas de cine y la gobernanza audiovisual.
Las imágenes que consumimos en casa movilizan emociones, deseos de pertenencia y fascinación por los escenarios donde se desarrollan las historias. Este fenómeno —que la investigación ha confirmado en múltiples países— explica por qué destinos que antes pasaban desapercibidos pueden volverse globalmente reconocibles tras el éxito de una ficción.
Desde Juego de Tronos hasta La Casa de Papel, las producciones activan un interés que puede traducirse en visitas… pero solo si el territorio sabe transformar ese impulso en un producto turístico estructurado. Y ahí nacen las rutas de cine.
Las rutas cinematográficas no son un “listado de localizaciones”: son relatos en movimiento, itinerarios que conectan el significado emocional de una obra con lugares reales, servicios locales, narrativas interpretativas y tecnología accesible. El resultado: un producto turístico replicable, evaluable, escalable y con impacto económico distribuido.
Respecto a la gobernanza del audiovisual. El auge del streaming ha generado una competencia global por atraer rodajes. Y esa competencia no se gana solo con paisajes bonitos: exige incentivos fiscales, estructuras de gobernanza, ventanillas únicas y una red de Film Offices profesionalizada. El análisis comparado entre Andalucía y la Comunitat Valenciana muestra por qué unos territorios captan más proyectos que otros:
El caso de Andalucía es un caso paradigmático La Andalucía Film Commission ha articulado una red de 36 Film Offices con procedimientos homogéneos, trámites claros, directorios de profesionales, convocatorias regulares de apoyo y medición anual de impacto.
El resultado es más de 1.300 rodajes en 2023,; 110 millones de euros de impacto económico y 21.000 empleos vinculados a producciones audiovisuales.
El caso de la Comunitat Valenciana, en cambio, es un caso diferente que podríamos calificar de “en reconstrucción”. Tras una década difícil (cierre de Ciudad de la Luz en 2012 y de la televisión autonómica en 2013), la región ha reactivado su ecosistema audiovisual:
- Reapertura de Ciudad de la Luz en 2022
- Creación de redes provinciales como Costa Blanca Film Commission y Film València
- Anuncio de una futura Film Commission autonómica
- Crecimiento del número de rodajes y notoriedad mediática
Pero el diagnóstico es claro: Todavía falta integración, estandarización y evaluación uniforme, elementos esenciales para competir al nivel de Andalucía.
Estas investigaciones muestran que el audiovisual no es solo entretenimiento: es un motor de transformación territorial. Pero su éxito no es automático; depende de decisiones técnicas, políticas y comunitarias. Los estudios revisados apuntan a tres claves:
- Diseñar productos turísticos sólidos (rutas de cine con criterios claros).
- Articular estructuras de gobernanza audiovisual sólidas (film commissions, incentivos, ventanilla única).
- Medir para aprender: KPIs, informes anuales, diagnósticos de impacto y observatorios públicos.
Una ficción puede abrir puertas, pero solo la ciencia de la gestión del audiovisual —desde la gobernanza hasta el diseño de rutas— convierte un éxito de pantalla en un ecosistema sostenible de cultura, turismo y economía local. No es magia: es estructura, datos, mediación y política pública basada en evidencia.
Si queremos que nuestras ciudades aparezcan en la próxima gran serie… y que además eso genere valor real para la ciudadanía, necesitamos mirar a estos dos mundos juntos —el del turismo cinematográfico y el de la gobernanza audiovisual— como las dos caras de una misma moneda.
