Un blog de Universitat Politècnica de Valéncia, Campus de Gandia.

Libres de culpas. Llenas de responsabilidades

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En su artículo ‘Trascendencia y sexualidad de las mujeres. Conocimiento contra violencia de género’, Diana Ivizate, profesora del Campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València traza las huellas del proceder agresivo que, en algunos hombres, conduce a la violencia de género. Mediante la revisión bibliográfica de un conjunto de autores que ocupan un lugar destacado en la investigación sobre estudios de género, se intenta demostrar la hipótesis de que es posible un nuevo modo de pensar y entender la situación de las mujeres.

Diana IvizateDiana Ivizate analiza algunos mitos en los que se basa la idea-imagen que se tiene del sexo femenino, actualmente y a lo largo de la historia: desde el imaginario cristiano en el que la mujer primigenia, Eva, es creada ‘para’ Adán, como ‘presa privilegiada’, según describe Simone de Beauvoir,  a la hostilidad hacia las mujeres en la India, que hace que las mujeres indias constituyan  hoy en día un “sexo amenazado”, como pone de manifiesto la autora Barbara Miller, pasando por creencias sobre roles de género presentes en las sociedades industrializadas que dan lugar a la desigualdad laboral.

La autora sitúa la desigualdad como origen de la violencia de género ‘La sociedad actual no se ha deshecho de los mitos que sitúan a la mujer en un segundo plano; las mujeres se encuentran rodeadas de barreras que impiden la libertad y la igualdad’. Los abusos a las mujeres tienen un magnífico caldo de cultivo en esta realidad, pues la sociedad los legitima.

La educación desde edades tempranas es, según Diana  Ivizate, clave para que la sociedad comprenda cómo se produce la violencia de género: ‘Los ciudadanos no estamos preparados para comprender los hechos de violencia de género. Cuando éstos se producen generan en la sociedad frustración e impotencia, necesidad de entender el porqué. Precisamente ese porqué no es tan sencillo y deberíamos empezar a estudiarlo desde edades tempranas, en la escuela, educando en la desarticulación de mitos que llevan a la apropiación de la mujer por parte del hombre’.

Entre las diferentes aportaciones para comprender cómo se produce la violencia de género, Diana Ivizate cita ‘ El manual de formación para asistentes sociales’, de Deborah Sinclair, en la que se habla de los tres círculos que hacen posible la violencia de género:

  • Círculo A. Este círculo representa las actitudes y creencias sociales. Muchos hombres piensan que tienen el derecho de controlar a sus compañeras. La sociedad lo consiente y tolera como algo “justo”, al no condenar ese comportamiento; a los hombres violentos no se les hace responsables de sus actos. La policía sigue teniendo reticencias a la hora de intervenir en “disputas domésticas”
  • Círculo B. Este círculo representa la respuesta de la familia, amigos y agencias frente a la violencia ejercida contra las mujeres y cómo la creencia en los mitos perpetúa esa violencia. A menudo, la gente dice: “A ella le gusta, lo provoca, se lo merece”. “Es por la bebida”. “Es un problema de la clase trabajadora”. Son excusas o justificaciones para un comportamiento violento. Debemos recordar que los hombres no nacen violentos. La violencia es algo que aprenden. Por encima de todo, la violencia es una elección y aquellos que la infligen son responsables de ello.
  • Círculo C. Representa los factores psicológicos. Un abusador niega su comportamiento y culpa a su compañera del abuso. “Ella me hizo hacerlo”. Depende de la mujer para satisfacer todas sus necesidades emocionales. Se hace excesivamente celoso y posesivo. Un abusador crece creyendo que debe ser “el cabeza de familia”. Se espera de los hombres que sean fuertes, controlados, agresivos y que tengan éxito. La mayoría de las emociones se expresan en forma de enfado, porque el enfado es un sentimiento masculino aceptable.

Ivizate señala que la primera interesada en detectar síntomas y comportamientos que puedan avisar de un infierno futuro es la mujer que está eligiendo pareja y ofrece algunas claves, recogidas por Horley en su ponencia, “El síndrome del encanto. Por qué hombres encantadores pueden volverse peligrosos amantes”:

‘Los abusadores emplean una serie de técnicas para controlar a las mujeres. Éstas incluyen: alternar encanto y afecto con enfado y violencia. No siempre es fácil reconocer a un maltratador. Puede parecer popular, de trato fácil y amable. El cortejo, a menudo, es un torbellino de episodios románticos. Mediante su encanto, se engaña a sí mismo y a los demás. Por supuesto, no todos los hombres encantadores son abusadores, pero el encanto puede ser una señal reveladora. Y una vez que la mujer se ha comprometido, un abusador puede pasar sin previo aviso del encanto a la ira. El abuso puede ser muy sutil —críticas constantes, humillarla delante de su familia y amigos—. Puede ser la alegría de la fiesta y los amigos no pueden creer que abuse de ella. A puerta cerrada, puede negarle su afecto, rebajarla delante de sus hijos, abusar de ella verbalmente. Todo esto puede llevar a la mujer a sentirse despreciable y que, en cierto sentido, se lo merece’.

Para prevenir un futuro lleno de maltratos, Ivizate recomienda pautas del libro Amores que matan: ‘¿Cuál es la opción, entonces, si la respuesta actual no está en la justicia y las reformas educativas y sociales no surtirán efecto hasta dentro de muchos años? Ésta es la cuestión central que se discute en este libro: aprende a reconocer quiénes son los hombres peligrosos, dispón del conocimiento que poseemos sobre los hombres que tienen la mayor probabilidad de agredir psicológica o físicamente a sus parejas. Quizá lo que propongo no sea muy espectacular, pero intentaré demostrarte que es el mejor sistema que ahora puedes poner en práctica (no dentro de veinte años), el que ahora puede ahorrarte años de sufrimiento y violencia, el que, en algunos casos, puede salvarte la vida’.

Ivizate destaca que es necesario liberar la sexualidad femenina como aspecto clave para luchar contra la violencia de género ‘Para realizar un proceso eficaz de desambiguación es necesario que podamos expresarnos libremente sobre nosotras, en cuerpo y alma; es decir, que nuestra sexualidad no sea más tabú que la de los hombres; que nuestros actos no se consideren más atrevidos que los de aquellos por el solo hecho de pertenecer al sexo femenino, que no se nos culpabilice por ser nosotras mismas y que no se nos mire con condescendencia, como a un menor. La mujer ha crecido como ser social, y este crecimiento lo venimos mostrando en los actos y en las obras: ésa es nuestra trascendencia, ya no somos un objeto sexual, ahora combatimos esa manipulación, ahora nos enfrentamos a la deshumanización del maltrato’.


Sandra Barrancos Gregori

Técnica de comunicación y márquetin del Campus de Gandia

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